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Aprendiendo a emprender

Javier J. Hernández Acosta
Profesor de la Universidad del Sagrado Corazón
Fundador de Inversión Cultural (www.inversioncultural.com)
jjhernandez@sagrado.edu  | @javihernande

Vivimos tiempos económicos difíciles. La reducción por casi diez años en el producto nacional bruto, sumado a la crisis que experimenta el gobierno ha provocado que empecemos a mirar un modelo de desarrollo económico fundamentado en el empresarismo. Existen varios tipos de emprendimiento, principalmente aquellos que se generan por necesidad o por oportunidad. Los primeros surgen muchas veces como consecuencia de cambios inesperados como el desempleo, la reducción en los ingresos, la migración, etc. Por otro lado, los emprendimientos por oportunidad parten del desarrollo de una idea de negocio a partir de una necesidad identificada en un grupo de consumidores. En estos momentos, necesitamos ambos tipos de emprendimiento, desde la autogestión hasta el emprendimiento de alto impacto.
Los emprendedores por lo general tienen varias características en común. Son tolerantes al riesgo, aprecian la autonomía, tienen un interés más allá del rendimiento económico, son agentes de cambio, tienen una alta motivación, son creativos, tienen buena intuición y son perseverantes. El emprendimiento no es algo con lo que se nace. Se pueden aprender, y como cualquier otra competencia, muchas veces es un ejercicio de práctica y error. Por eso la importancia de ser perseverantes.
Yo defino el emprendimiento como la capacidad de identificar oportunidades en el mercado y capitalizarlas de manera rápida, creativa y responsable. Necesitamos reconocer que las oportunidades se presentan por ventanas de tiempo. Por esto es necesario hay que tomar riesgos y estar preparados para ejecutar. El primer paso para generar ideas de negocio puede consistir en provocar un “estado de alerta constante”. Debemos pensar en nuestros problemas como consumidores, en los cambios que ocurren en las industrias que conocemos, en las cosas que quisiéramos cambiar, etc. A partir de una idea de negocio lo mas importante es tratar de generar un prototipo en el menor tiempo posible. No es necesario esperar a tener todas las condiciones para vender un producto o servicio en masa. Debemos llevar nuestra idea al consumidor lo más rápido posible. Es casi seguro que ellos nos harán recomendaciones que nos obligarán a hacer modificaciones a lo que habíamos pensado. No hay nada malo con eso. El emprendimiento es un proceso de aprendizaje. No podemos confundir el fracaso con aprendizaje.
Las empresas hacen mucho mas que vender productos o servicios. En realidad desarrollan propuestas de valor que solucionan problemas y satisfacen necesidades de los consumidores. Por eso debemos pensar en todos esos elementos que provocan una buena experiencia con el producto. Además del producto principal, elementos como servicio al cliente, la garantía, la accesibilidad, la comunicación, la localización y la confiabilidad, son importantes para los consumidores. Para lograr esto, es importante conocer en profundidad a nuestros clientes.
En resumen, crea una cultura de generar ideas de negocio, compartirlas con personas conocidas que puedan hacerte comentarios honestos y desarrollar un mínimo producto viable que puedas lanzar a mercado a manera de prueba. Haz todas las modificaciones necesarias hasta que tus clientes estén satisfechos y asegúrate de desarrollar un propuesta de valor con todos los elementos complementarios que los clientes valorar a la hora de adquirir un producto o servicio.

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